Leyendo las entradas nuevas, decidí que crearía un nombre más original para ellas.
Hace como un mes que no escribo, un mes de dolor, viendo como la persona que me crió y que llegó a ser la luz que yo seguía, agonizaba. Aún quedan recuerdos, esos recuerdos que no se borran ni con el paso del tiempo. Lo único que me consuela, siguiendo la religión católica, es que ya no sufre. Y yo que creía que el cáncer era un juego. Un cáncer letal, el peor, se llevó a mi Chiché. Ella, a pesar de haber cometido muchos errores, era lo máximo, sacó adelante a sus dos hijos, que para mí son mis dos hermanitos queridos: Mi Raulito y mi Rociíto. La amo y siempre estará en mi corazón. Ella decidió ser cremada y por ahora esta en mi casita. A fin de año iremos a tirar la mitad de sus cenizas a Chiclayo, en Pimentel y la otra mitad en el río Sena, en París. Mi Chiché estará por todo el mundo, al ver el mar, los tulipanes que tanto amaba, me acordaré de ella, de ella sana.
Nunca olvidaré cuando en mi nido me decían que dibuje a mi mamá y yo dibujaba a dos: Mi mamá de día y mi mamá de noche. Mi mamá de día era mi tía, mi Chiché y mi mamá de noche era mamá. Y nadie entendía y me decían que no podía tener dos mamás pero yo sí que podía, mi corazón siempre pudo y siempre podrá tener espacio para mis dos heroínas, las que me construyeron. Por eso siempre estaré agradecida, porque gracias a ellas dos, soy la chica que soy hoy.
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